Una noticia interesante sobre tres tristes trenzas

Posted by Administrador on Jun 17, 2009 in General |

Las luchas por el poder, el dinero y el prestigio entre los dirigentes de las tres principales organizaciones del automovilismo deportivo mundial llevan la Fórmula 1 al abismo. ¿Quiénes son? ¿Qué buscan? ¿Cómo operan?
Sacudido por la actual crisis financiera internacional, el automovilismo deportivo mundial vive hundido en un cataclismo propio, un equilibrio precario que amenaza con un antológico derrumbe, producto del divorcio del ménage à trois que lo orienta desde los años setenta del siglo pasado. Las tres fuerzas en presencia son:

– la FIA (Federación Internacional del Automóvil), responsable de la estructura directiva, encargada de dictar las reglas de funcionamiento y controlar su cumplimiento, así como de la vigilancia técnica, destinada a garantizar condiciones de igualdad en todas las categorías de competición.

- la FOM (Formule One Management), surgida de los tripartitos Acuerdos de la Concorde firmados en 1981, por los cuales las autoridades deportivas, los organizadores y empresarios involucrados en la actividad, y los constructores participantes, cedieron a la FOCA (entidad creada por Bernie Ecclestone) la gestión del gran circo en que se convirtió la categoría mayor.

- la FOTA (Formule One Team Association) que agrupa a los constructores y gestionadores de equipos de F1, actualmente rebelados contra los drásticos cambios de reglamentos que se propone aplicar la FIA a partir de la temporada 2010, y contra la repartición de los ingresos generados por la disputa del campeonato mundial de la categoría.

Más allá de las siglas, una ríspida batalla personal enfrenta a las tres personas que encarnan el ménage à trois de la F1:

-Max Mosley, abogado de negocios inglés nacido en Londres en 1940, presidente de la FIA desde 1991 después de haber sido piloto, constructor y asesor legal de sus colegas y la FOCA durante la crisis que desembocó en los Acuerdos de la Concorde;

- Bernard Charles Ecclestone, más conocido como Bernie Ecclestone, ex piloto, constructor y empresario inmobiliario inglés nacido en Ipswich en 1930, dueño de una de las diez mayores fortunas del Reino Unido, vicepresidente de la FIA ;

-Luca Cordero de Montezemolo, empresario italiano nacido en Bolonia en 1947, presidente de las empresas Ferrari, Fiat y la Confederación de Industrias de su país, formado por Enzo Ferrari, de quien fue su asistente y mano derecha en la célebre escudería desde 1967, después de haber obtenido el master de derecho en la Universidad de Columbia en Nueva York.

Estrategias florentinas

Los tres polos visibles de la crisis también responden a motivaciones que raramente caben en las enumeraciones curriculares: uno se desvive por el poder y las maneras de mantenerlo; otro hizo de la acumulación de fortuna una auténtica razón de vida; el tercero aspira también a ambos objetivos, pero a través de un sello de excelencia.

Desde ese plano, es más fácil comprender que Mosley aspira a prolongar todo lo posible su reinado sobre el mundo del automóvil, y no sólo el deportivo ; que Ecclestone está dispuesto a cualquier tipo de alianzas para sostener su imperio financiero (que dirige personalmente, pese a haber vendido buenas tajadas a consorcios bancarios multinacionales y fondos de inversión, que frecuentan como él mismo los paraísos fiscales), y que Montezemolo pretende poner fin a la que considera excesiva dominación anglo-sajona, señalada por la alianza que siempre hizo funcionar al unísono a Mosley y Ecclestone.

El arma del italiano es la condición esencial para el automovilismo deportivo alcanzada por la escudería Ferrari, a sus ojos un sello de alto nivel técnico –y clecticismo—que derrama sobre todas las competiciones. El motivo de la revuelta que encabeza Montezemolo, respaldado por una parte del bloque de constructores, es doble : por un lado la resistencia a reducir los costos excesivos invertidos en la F1, detrás de lo cual ve un proyecto de Mosley para regresar a su juventud, cuando la alta competición era coto de buenos artesanos y técnicos extremadamente creativos, pero sin los recursos de la alta tecnología (mecanismos y mecanismos innovadores, aleaciones y materiales) ahora a su disposición ; por otro, obtener para los protagonistas de las carreras, y en especial los constructores, una cuota mayor de dinero obtenido a sus costas.

Por el momento, lo que resultará la batalla más significativa para la F1 se desarrolla dentro de los bufetes de abogados más prestigiosos de Europa y el archipiélago británico : de cada paso dado trascienden apenas detalles que cada bando deja filtrar para servir sus intenciones, lo que en buen romance significa volver a comienzos de los años 80, cuando la primera embestida de los constructores anglosajones terminó por echar abajo el bastión creado por el francés Jean-Marie Balestgre en torno de la FISA, y dio forma a la estructura desequilibrada de la actual FIA, la entidad que la sucedió –y de paso marcó hace 18 años el desembarco de Mosley en el suntuoso despacho que domina la Place de la Concorde de París.

Montezemolo, que vivió momentos de gloria al comenzar el actual decenio, marcado por la dominación ultrajante de las Ferrari y su piloto alemán Michael Schumacher, tiene las manos atadas porque un compromiso unilateral de su empresa con la FOM de Ecclestone concluye sólo al terminar 2012; para soslayarlo, maniobra para que la FIA introduzca modificaciones al reglamento que le aporten un motivo legal de ruptura de contrato por fuerza mayor.

Mosley, vasto conocedor del mundo de la F1, aplica clásicas recetas florentinas, y se esfuerza por dividir –a golpe de gestiones personales, acuerdos privados y amenazas apocalípticas—un campo adverso incapaz de mantener hasta las últimas consecuencias la intransigencia que exige el choque de concepciones en que está embarcado.

Ecclestone, aliado de siempre de Mosley, alimenta sucesivas hogueras que en sus cálculos deberán proteger lo que muchos consideran el mayor invento del automovilismo deportivo, un acuerdo que lo convirtió –junto con una audacia a toda prueba—en el benefactor casi único de un negocio que mueve algo más de 3.000 millones de dólares cada temporada, apasiona a casi 2.000 millones de telespectadores en 17 de los 52 fines de semana de cada año, y al pasar lo ha convertido en un personaje digno del majestuoso tratamiento universal que sólo alcanzaron figuras como el brasileño Joao Haveange al frente de la FIFA, y el catalán Juan Antonio Samaranch como presidente del Comité Olímpico Internacional.

El próximo episodio de la saga F1, después de los tiras y aflojes de la designación de los 13 equipos admitidos para la temporada 2010 por la FIA, tendrá culminación el viernes próximo, 19 de junio, con una reunión donde acaso pueda vislumbrarse una salida del imbroglio.

Fuente/rfi.fr

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